sábado, 16 de junio de 2018

Tu piel

La luna ya me acompaña. Ella y yo. Somos dos mientras la televisión es un mero testigo. Todos duermen; Morfeo los arropa cuidando sus sueños...sino lo haré yo; siempre.

Yo no tenía pensado escribir ni una línea; al contrario, esa libreta llena de tachones con fórmulas ocupan la mesa pero necesitaba dejar un poquito de mi;de la otra yo. De la Isabella soñadora, creando fantasías. No es un post; no llega ni a historia. 

Y aquí estoy dibujando lienzos sobre historias que marcan la piel, ella habla de ti; de mi. De todos. Del presente y del pasado. Tiene memoria; demasiada incluso. Más de la que querría pero ahí está; señal que he vivido; que mi corazón ha creado melodías. ¿Quién no ha deseado que algo no hubiera ocurrido, que algo fuera un espejismo? Todos. Sé que ahora tu mente hace un viaje en tus recuerdos, en aquellos que el tiempo no ha podido borrar del todo...están ahí para enseñarte. ¿Ilógico? Todo lo contrario. Eres fruto de lo que has sentido y jamás cierres esa puerta. 

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Hay silencios que hablan, que gritan. Ella es igual. La piel no sabe lo que es el dolor, no sabe de excusas, desconoce el odio. Tu mente es la que guarda esa parte gris que te puede bloquear, que no te deja avanzar o que busca desesperadamente la salida de emergencia. Respira. Escúchate. Ella necesita vivir. Necesita caricias. Necesita universos terrenales.
La piel sólo conoce el roce de otras pieles, de ese roce que te hace llegar a la locura dulcemente erizándola creando un camino de intenciones. Ella le da permiso a la mirada que la recorre lento jugando con la respiración, con el lenguaje del cuerpo debajo de esas manos que acarician...que atan..que regalan sueños. 

Pero no todas las pieles recuerdan caricias de amor, hay pieles que esconden oscuridad, llantos, decepciones, perdones e incluso golpes. Pueden haber cicatrices, o no, pero esas heridas escocerán a su antojo aunque te hayas prometido a olvidar, a crear muros de lo que jamás tuviste que sentir ni padecer. No te preocupes: sonríe. Hazlo. Tu piel quiere caricias y las mereces todas. Infinitas. Todas para ti, para tu corazón. 
La piel quiere amor y delicadeza, reclama verdad, ansia caminos de besos, anhela cálidos suspiros. Es tuya pero préstasela a quién te acaricie el alma, a quién te regale calma en noches de tormenta, a quién te haga volar con los pies en la tierra, a quién te haga sentir como una flor delicada. A quién tu necesites y la otra piel ansíe. A él. A ella. Qué mas da. Tu piel esconde historia, pasada y futura. Piel escrita de anhelos, de sueños, de pesadillas, de temores, de alegrías y llantos. Incluso versos escritos en cada centímetro de ella. Pero te pertenecen. Todos ellos.

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Mi piel habla de historias pasadas de nobleza, de ingenuidad, de pasión desenfrenada, de tristeza sin ápice de emoción, de heridas marcadas para siempre, de caricias no reclamadas o de golpes sin aviso pero también de amor, de dulzura, de caminos nuevos, de palabras convertidas en caricias, de promesas cumplidas, de sueños, de promesas, de amor. Ella habla por mi. Ella se muere por caricias llenas de verdad, de pureza, de canciones escritas con el corazón. Posee arañazos, heridas que no cicatrizan o marcas imborrables con el paso del tiempo pero siente de verdad; la mía y la tuya.

Y mi corazón baila con los acordes de Tiziano Ferro y su Il Mestiere Della Vita  Como dice él: Che l’unica cura è il tempo (la única cura es el tiempo).

Deseo que tu piel acaricie los días de tu vida con delicadeza, amor y pureza viviendo momentos únicos. Sólo hay que creerlo e ir hacia ellos.